Ellos son unos hijos de puta y nosotros unos gilipollas

Dejémoslo claro. Somos gilipollas. Y ellos unos hijos de puta. Una cosa no quita la otra, y la otra no quita a la una.

Llevamos años, ¡años! viendo la que se viene encima, sin hacer nada. Bueno, ha habido movimientos de gente que se unió para hacer algo más: protestar y expresar que lo que estaba pasando no era correcto. Los llamaban antisistema, perroflautas y demás lindezas. Por la parte que me toca, gracias, yo también os quiero.

Rajoy y Rubalcaba

Pero por la otra parte, seguimos siendo gilipollas. Seguimos viendo cómo día a día nos están robando, juegan con nuestras vidas como si de una partida de oca se tratara. Piden austeridad mientras cobran miles de euros en sobres, mientras llevan 20 años cobrando en negro, de forma sistemática, sin nada. Lo vemos, y lo único que decimos es: “uy, qué cabrones, con la que está cayendo…”. Y ya. Nos quedamos en casita o en el bar comentándolo, sin llegar a salir a la calle, sin protestar, sin que ellos noten que tienen una oposición social. Estamos muertos.

Celebración Mundial

Pero ellos son unos hijos de puta. Simple y llanamente unos hijos de puta. Están chupando todo lo que pueden de la sociedad hasta límites insospechados. Límites que se superan cada semana con una acusación más de corrupción, con un nuevo decretazo explicado sólo en las entrañas del legal BOE, con políticos que si ellos antes dijeron A, ahora es B, y los otros que antes dijeron B ahora es A, porque tienen “mayoría”, con “ruedas de prensa” realizadas por una televisión en frente a una sala llena de periodistas, la gran llamada “transparencia”…

Límites que nunca pensabas que se superarían. Que alguno tendría la ética de decir: “no, señores, hasta aquí hemos llegado”. Pero sólo les mueve su afán de codicia, de tener cada vez más, de vivir en una realidad diferente, una realidad que no se entera que el 99% de la gente está peor que el año pasado y que el anterior. Gente que no tiene el lujo de ponerse enferma porque temen que les echen de su ya precario trabajo. Gente que ve como sus hijos no pueden estudiar con garantías de calidad porque los profesores “sobran”. Gente que ve como sus hijos se tienen que marchar a otros países por “espíritu aventurero”, en vez de pensar por qué el 55% de los jóvenes menores de 30 años no tienen trabajo (y los que lo tienen a saber de qué forma).

Y damos asco. Nosotros y ellos. Porque sí, hay una gran diferencia, ellos son unos listos y nosotros unos tontos. Ellos saben cómo robar, y nosotros no. Ellos saben (bueno, pueden) hacer leyes para que ¡oh sorpresa! sus robos sean legales, y nosotros no. Ellos tienen una protección gigantesca de miles y miles de policías y nosotros… bueno, “la policía” “nos protege”. Ya, claro.

La sociedad está definitivamente enferma. Ellos no saben aceptar sus errores, dimitir y mejorar, sino sólo seguir y seguir chupando, seguir y seguir robando y seguir y seguir recortando derechos. Y nosotros no sabemos dar un puñetazo en la mesa y decir que todo lo sostenemos nosotros, y que sin nosotros, todo se va a la mierda.

Somos gilipollas, y ellos unos hijos de puta. Tenemos lo que merecemos.